Era frecuente escuchar hablar del hermano de mi abuela. Mi madre lo llamaba el tío Felipe. Ella asociaba que como sus hermanos se llamaban Felipe y Francisco, seguramente el hermano de su mamá, era Felipe.
Me encontraba buscando su entrada a los Estados Unidos y me resultaba imposible. Comentándolo con mi tía Cándida, la hermana de mi madre, me respondiò:
- Claro, no lo vas a encontrar porque el hermano de tu abuela se llamaba Domenico.
Se imaginan, corrí a mi computadora y volví a colocar los datos que de él tenía y ahí estaban, un montón de Domenicos. Había que descubrir cuál era el correcto. Busqué por lugar y seleccioné algunos posibles.
Hace mucho tiempo mi madre me había contado que mi tatarabuela le guardaba a mi abuela abajo de la almohada los coditos del pan, ya que a ella le gustaban mucho.
Mi abuela tenía unos 8 o 9 años de edad. Una noche, cuando fue a acostarse buscó debajo de su almohada y no encontró los coquitos. Desesperación.
Domenico se reía en su cama porque él había llegado primero y se los había comido.
Ustedes se preguntarán qué hizo entonces, Elisabetta. Bueno, resulta que ni corta ni perezosa le tiró a su hermano con un tenedor que le pegó arriba del ojo. Domenico estuvo mudo del susto un montón de días, pero jamás volvió a repetir esa hazaña.
Se preguntarán qué tiene que ver esto con la llegada de mi tío a los Estados Unidos...
Resulta que cuando aparté los pasajeros seleccionados, solo había un Domenico que tenía una cicatriz arriba de su ojo.
Por eso, si buscas a tus antepasados, grabate los detalles de las historias contadas por los "mayores" de la familia. Uno nunca sabe cuando un detalle mínimo, y aparentemente sin importancia te puede servir.
miércoles, 24 de octubre de 2007
El Tío Domenico
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Susy
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miércoles, octubre 24, 2007
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martes, 9 de octubre de 2007
Un Amor muy Especial
Grazia venìa de una familia muy humilde. Ella se enamorò de Filippo que era de una familia muy adinerada de Mammola. Sus padres se opusieron a la uniòn, asi que Filippo fue amenazado.
Mucho no le importò y se casò con su amada Grazia. En ese momento quedò desheredado.
De todas formas ellos viveron su Gran Amor, del cual naciò Domenico. Cuando èl pequeño tenìa cuatro años, Grazia volviò a quedar encinta. Asì, las cosas se complicaban.
Filippo no se acobardaba e iba trabajando y haciendo "changas" donde podìa para llevar el pan a la mesa.
Sus padres tenìan grandes olivares y se enterò que el capataz estaba tomando peones, asì que allì fue.
Cuentan que estaba empujando un gran tonel de aceite y se resbalò, pasàndole el tonel por encima, matàndolo.
Grazia no volviò a formar pareja y criò sola a sus hijos, Elisabetta y Domenico. Viviò con sus padres que la ayudaban mucho a pesar de ser muy viejecitos.
Grazia fue una mujer muy sufrida y muy encerrada en ella misma despuès de la perdida de Filippo, de la que no se recuperò jamàs.
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martes, octubre 09, 2007
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domingo, 7 de octubre de 2007
Empezando
Cuando pienso en genealogìa, pienso en la historia y las historias que mi familia de antepasados encierra.
Desde muy pequeña pude escuchar historias de todas clases de boca de mi madre y mi tìa "Càndida". Ellas solìan reunirse a tomar mate y recordar cosas de su infancia que a mi me apasionaba escuchar.
Podìa escuchar la misma anècdota cien veces y cada vez tenìa un sabor diferente. Es maravilloso haberlas visto disfrutarlo y revivirlo. Ellas tambièn han estado entusiasmadas con esto de reconstruir la historia familiar.
Lo primero que quiero narrar es la anèdota en que aquella vez la abuela Grazia habia ido a lavar al "yume" la ropa.
Mi abuela "Elisa" la acompañaba. De travesura en travesura mientras su madre trabajaba ella se metiò por debajo del alambrado en el bosque para sacar las naranjas.
Juntò y juntò en su delantalcito hasta que viò venir al guardabosque. Se acercaba con paso firme. Elisa corriò y corriò sin soltar las naranjas: - Mamma, mamma- llamaba deseperada. Al escucharla Grazia se acercò al almbrado donde Elisa trataba de pasar por debajo sin querer perder su botìn.
-Ahì viene, ahì viene- gritaba. Grazia le explicò que no podìa pasar por un lugar tan pequeño con tanto cargamento.
Le hizo dejar las naranjas y una vez del lado seguro le explicò que allì no habìa nadie. Que ese hombre que ella habìa visto, hacìa mucho tiempo que estaba muerto.
-Cuando te pase eso solamente tienes que maldecir y escupir-
Grazia estaba acostumbrada a ver apariciones de ese tipo y no le asustaba como sì a Elisa.
Me encanta esta anècdota porque me transporta a un siglo atràs y mi imaginaciòn comienza a andar. Mi madre lo contaba con detalles y mucho suspenso.
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Susy
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domingo, octubre 07, 2007
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